Colombia ante dos caminos: continuidad social o retorno a la política del miedo y la mentira

Las próximas elecciones enfrentarán dos visiones opuestas de país: una orientada a profundizar las reformas sociales y otra enfocada en un modelo de autoridad y confrontación política.


Las elecciones presidenciales que se aproximan no solo representan la escogencia de un nombre para dirigir el país durante los próximos cuatro años. Lo que está en juego es la definición de dos modelos de nación profundamente distintos: uno que apuesta por profundizar las políticas sociales impulsadas durante el gobierno del presidente Gustavo Petro y otro que propone un giro hacia fórmulas de seguridad, autoridad y mercado que recuerdan etapas anteriores de la vida política colombiana.

Durante los últimos años, el debate público ha estado marcado por una intensa polarización. Las redes sociales, los grandes conglomerados mediáticos y diversos sectores políticos han convertido la confrontación en una estrategia permanente. En ese escenario, resulta evidente que muchas veces se ha construido una narrativa centrada más en el miedo que en la discusión de propuestas concretas.

No puede desconocerse que el gobierno de Gustavo Petro ha enfrentado dificultades importantes. Los problemas de seguridad persisten en amplias regiones del país, la política de Paz Total no ha producido todos los resultados esperados y el sistema de salud atraviesa tensiones que generan preocupación entre millones de colombianos. Esos hechos forman parte de la realidad nacional y deben ser reconocidos con honestidad.

Pero también es cierto que existen avances que millones de ciudadanos consideran significativos. Los incrementos del salario mínimo han fortalecido el ingreso de los trabajadores, se ampliaron programas de transferencias sociales para adultos mayores y familias vulnerables, se impulsó una reforma pensional que busca proteger a quienes nunca lograron acceder a una pensión y se fortalecieron garantías para aprendices del SENA y estudiantes de educación superior.

Un aspecto que pocas veces se menciona es el mejoramiento de las condiciones económicas de quienes prestan servicio militar. Durante décadas, miles de jóvenes provenientes de hogares humildes asumieron los costos humanos de la guerra en condiciones precarias. Hoy reciben mayores ingresos, acceso a beneficios sociales y mejores oportunidades de formación y permanencia laboral. Para muchos sectores populares, estas medidas representan un acto de reconocimiento y dignificación.

Frente a este panorama emerge la candidatura de Iván Cepeda, un dirigente identificado con la defensa de los derechos humanos, la implementación de los acuerdos de paz y la búsqueda de consensos democráticos. Sus planteamientos apuntan a consolidar buena parte de las transformaciones sociales impulsadas durante el actual gobierno, ampliar la protección a los sectores vulnerables y fortalecer mecanismos de diálogo nacional.

En la otra orilla se ubica Abelardo de la Espriella, cuya propuesta política se caracteriza por un discurso de confrontación más marcado y por planteamientos que generan controversia en amplios sectores de la sociedad. Entre ellos se encuentran iniciativas relacionadas con la dolarización de la economía, el fortalecimiento de estrategias de seguridad inspiradas en modelos extranjeros y la construcción de grandes complejos carcelarios como respuesta a la criminalidad.

La pregunta de fondo es cuál de estas visiones responde mejor a los desafíos del país. ¿Debe Colombia profundizar las políticas sociales, la inclusión y la búsqueda de acuerdos nacionales? ¿O debe apostar por una agenda centrada principalmente en la autoridad y el endurecimiento institucional?

Desde esta tribuna consideramos que el país necesita fortalecer la democracia, ampliar derechos y construir puentes entre sectores históricamente enfrentados. Colombia requiere menos discursos de enemigos y más discursos de ciudadanos; menos polarización y más diálogo; menos exclusión y más oportunidades.

La democracia no se fortalece cuando una parte de la sociedad es señalada como adversario irreconciliable. Se fortalece cuando se reconoce la diversidad política y se garantizan plenamente los derechos de quienes piensan diferente.

Por esa razón, quienes valoran la continuidad de las políticas sociales, la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de la paz y la ampliación de oportunidades para los sectores populares encuentran en Iván Cepeda una alternativa que representa esa visión de país. Más allá de simpatías partidistas, el verdadero debate consiste en decidir si Colombia avanza hacia una democracia más incluyente o si regresa a una lógica política dominada por el miedo y la confrontación.

La decisión final corresponde a los ciudadanos. Pero una cosa resulta clara: el futuro del país debe construirse sobre la esperanza y no sobre el temor.

Ocho razones por las que millones de colombianos consideran que debe existir continuidad en las políticas sociales

1. Dignificación de la Fuerza Pública y del servicio militar: Una deuda histórica que comenzó a saldarse

Durante décadas, los soldados regulares, auxiliares y jóvenes que prestaban el servicio militar obligatorio fueron los grandes olvidados del Estado colombiano. La mayoría provenían de hogares campesinos, obreros y familias de escasos recursos económicos.

Muchos recibían bonificaciones mínimas y enfrentaban dificultades económicas mientras arriesgaban su vida en medio del conflicto armado.

Durante el gobierno de Gustavo Petro se impulsaron mejoras salariales y de bienestar para soldados, auxiliares y miembros de la Fuerza Pública. El Gobierno anunció que los soldados regulares pasarían a recibir un salario mínimo mensual, una medida sin precedentes en la historia reciente del país. También se fortalecieron beneficios sociales, acceso a salud, educación, programas educativos y apoyos económicos para quienes culminan su servicio.

También se impulsaron mejoras salariales para integrantes de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y el INPEC, además de programas de acceso a educación superior y capacitación laboral.

Paradójicamente, fue un gobierno progresista el que impulsó algunas de las medidas más importantes de dignificación para quienes integran la Fuerza Pública.

La pregunta que surge es si el próximo gobierno profundizará esas conquistas o las reemplazará por una visión distinta de la seguridad.

2. Incrementos históricos del salario mínimo

Uno de los aspectos más visibles de la administración Petro ha sido la política de fortalecimiento del ingreso de los trabajadores.

El salario mínimo registró incrementos consecutivos por encima de la inflación.

Para millones de trabajadores esto significó una recuperación parcial del poder adquisitivo perdido durante años.

Para 2026 el salario mínimo fue fijado en $1.750.905.oo, acompañado por un incremento del auxilio de transporte hasta los $249.095.oo, sumando un ingreso de $2.000.000.oo.

Los aumentos no solamente beneficiaron a quienes devengan un salario mínimo, sino también a pensionados, trabajadores informales, contratistas y sectores económicos cuyos ingresos se encuentran indexados al salario mínimo legal vigente.

En un contexto de inflación mundial, estos incrementos permitieron proteger parcialmente el ingreso de los hogares más vulnerables. Los defensores de esta política sostienen que estos aumentos permitieron recuperar poder adquisitivo para millones de hogares trabajadores y dinamizar el consumo interno. Sus críticos advierten riesgos inflacionarios, pero lo cierto es que el debate puso nuevamente en el centro la discusión sobre el salario digno.

Alivios económicos para millones de propietarios de vehículos

Las políticas sociales no solamente se reflejan en subsidios o programas estatales. También se manifiestan cuando el Estado adopta medidas para aliviar los gastos que afectan directamente el presupuesto de las familias.

Un ejemplo de ello fue la reducción de las tarifas del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT) para el año 2025.

La medida permitió una disminución cercana al 8,68 % para la gran mayoría de automotores particulares, incluyendo:

• Automóviles particulares.

• Camionetas y camperos.

• Motocicletas superiores a 200 centímetros cúbicos.

• Vehículos de carga.

• Vehículos oficiales.

• Vehículos diplomáticos.

Adicionalmente, se mantuvo el descuento del 50 % para las categorías beneficiadas por el Decreto 2497 de 2022, beneficio que continúa favoreciendo a millones de conductores.

Para miles de familias colombianas, especialmente trabajadores, pequeños comerciantes, transportadores y motociclistas, esta medida representó un alivio concreto frente al aumento del costo de vida.

No se trató únicamente de una reducción tarifaria. Fue una decisión que permitió aliviar gastos obligatorios y proteger el ingreso de millones de hogares.

3. El regreso de la mesada 14 para docentes y miembros de la Fuerza Pública

Uno de los avances más valorados por amplios sectores de pensionados fue el reconocimiento de la mesada 14 para docentes y miembros de la Fuerza Pública que conservaban este derecho.

Para miles de familias esto representó una mejora importante en sus ingresos y en sus condiciones de vida.

Actualmente también cursan iniciativas legislativas orientadas a ampliar beneficios para pensionados del sistema público administrado por Colpensiones y la UGPP.

La discusión sobre la extensión de estos beneficios refleja un debate nacional sobre la necesidad de garantizar una vejez digna para quienes trabajaron durante décadas aportando al desarrollo del país.

4. Reforma pensional y protección de los adultos mayores quienes nunca pudieron pensionarse

Durante décadas millones de colombianos trabajaron toda su vida sin lograr completar las semanas necesarias para acceder a una pensión.

La reforma pensional impulsó la creación de mecanismos de protección para adultos mayores que históricamente habían quedado excluidos del sistema.

Igualmente se fortalecieron programas como Colombia Mayor, ampliando la cobertura y aumentando los recursos dirigidos a los sectores más vulnerables en situación de pobreza.

Por primera vez se planteó una política pública con el objetivo de garantizar un ingreso básico a quienes envejecieron sin protección estatal.

5. La recuperación de derechos laborales que habían sido eliminados

Uno de los cambios más importantes impulsados por el actual gobierno fue la recuperación progresiva de derechos laborales que durante años fueron recortados.

La Ley 2466 de 2025 estableció la recuperación gradual de los recargos dominicales y festivos para los trabajadores colombianos.

Durante años millones de trabajadores vieron disminuidos sus ingresos por reformas que redujeron el valor de los recargos y ampliaron las jornadas laborales sin una compensación adecuada.

La nueva legislación contempla:

• Incremento progresivo de los recargos dominicales y festivos hasta alcanzar nuevamente el 100%.

• Recargos superiores para quienes trabajan en días de descanso obligatorio.

• Recuperación de derechos relacionados con el trabajo nocturno.

• Fortalecimiento de garantías laborales para millones de trabajadores formales.

Estas medidas representan una reivindicación histórica para empleados del comercio, vigilancia, transporte, salud, industria, restaurantes, hoteles y otros sectores que laboran mientras la mayoría descansa.

6. La reducción de la jornada laboral sin reducción salarial

Por primera vez en décadas Colombia avanza hacia una reducción gradual de la jornada laboral semanal.

La jornada máxima pasó progresivamente de 48 horas semanales a 42 horas semanales.

Esto significa más tiempo para la familia, para la educación, para el descanso y para la calidad de vida de millones de trabajadores.

Además, al disminuir la jornada ordinaria, aumenta el valor de la hora laboral, lo que repercute directamente en el pago de horas extras, recargos nocturnos, dominicales y festivos.

Se trata de una transformación laboral que acerca a Colombia a estándares internacionales sobre trabajo digno y productividad.

7. Educación, estudiantes y oportunidades para los jóvenes

Otro de los pilares de la política social ha sido la ampliación de oportunidades educativas. El gobierno impulsó medidas para ampliar el acceso a la educación superior y fortalecer la formación técnica y tecnológica.

Se fortalecieron programas de acceso a la educación superior pública, se ampliaron mecanismos de gratuidad para estudiantes de menores ingresos y se mejoraron las condiciones de los aprendices del SENA quienes obtuvieron mayores garantías económicas, afiliación a seguridad social y reconocimiento de derechos laborales dentro de la reforma laboral.

Para miles de jóvenes de sectores populares, estas medidas representan una oportunidad real de movilidad social y acceso al mercado laboral.

La reforma laboral reconoció mayores garantías económicas para los aprendices, incluyendo aportes a seguridad social y mejores condiciones de formación.

Al mismo tiempo, programas como Renta Ciudadana, Devolución del IVA y Colombia Mayor fortalecieron la protección de millones de hogares vulnerables.

La reducción de la pobreza y la ampliación de oportunidades educativas continúan siendo algunos de los principales argumentos de quienes consideran que estas políticas deben tener continuidad en los próximos años.

La dignificación de los médicos internos: un hecho histórico

Uno de los avances menos visibilizados del actual gobierno fue el reconocimiento económico a cerca de 8.000 médicos internos en todo el país.

Durante décadas, miles de estudiantes de medicina realizaron jornadas extenuantes en hospitales y clínicas sin recibir una remuneración acorde con la responsabilidad que asumían.

Por primera vez en la historia reciente de Colombia, los médicos internos comenzaron a recibir un reconocimiento económico equivalente a un Salario Mínimo Vital que supera los dos millones de pesos mensuales, incluyendo aportes a seguridad social integral.

La medida contempla:

• Pago directo a través de la ADRES.
• Cobertura integral en salud y seguridad social.
• Eliminación de intermediarios financieros.
• Mayor transparencia y trazabilidad de los recursos públicos.
• Reconocimiento económico obligatorio durante el año de internado rotatorio.

Esta política constituye un cambio profundo en la formación médica colombiana, pues reconoce que quienes contribuyen a salvar vidas y sostener los servicios hospitalarios también merecen condiciones dignas.

A ello se suma el fortalecimiento de los Equipos Territoriales de Salud, mediante los cuales miles de profesionales han llegado a regiones apartadas del país, acercando los servicios médicos a comunidades históricamente excluidas y generando empleo formal en el sector salud.

La dignificación de los médicos internos, junto con la ampliación de programas de educación pública, constituye uno de los ejemplos más concretos de cómo las políticas sociales pueden traducirse en oportunidades reales para las nuevas generaciones.

8. Reforma agraria, inclusión social y reducción de la pobreza

La entrega de tierras a campesinos, el fortalecimiento de programas sociales y el apoyo a poblaciones históricamente excluidas se convirtieron en ejes centrales del Gobierno.

Programas como Renta Ciudadana, Devolución del IVA y Colombia Mayor ampliaron la cobertura de ayudas para millones de hogares vulnerables.

Al mismo tiempo, el Gobierno ha defendido una visión según la cual el crecimiento económico debe ir acompañado de justicia social, inclusión y reducción de las brechas históricas que afectan a las regiones más pobres del país.

Dos modelos de país

La discusión electoral no debería reducirse a quién grita más fuerte ni a quién genera más miedo. Lo que realmente está en juego es la continuidad o el cambio de un modelo político.

Por un lado, Iván Cepeda representa para sus simpatizantes la posibilidad de profundizar reformas sociales, fortalecer los derechos humanos, consolidar la paz y ampliar la inclusión social. Fortalecer derechos laborales, ampliar la protección a pensionados, campesinos, estudiantes, trabajadores y Fuerza Pública.

Por otro, Abelardo de la Espriella propone un enfoque basado principalmente en la autoridad, el endurecimiento de la política criminal, la dolarización de la economía y un modelo de seguridad más agresivo.

Los colombianos deberán decidir cuál de esas dos visiones consideran más conveniente para el futuro de la nación.

Porque más allá de los nombres, lo que está en juego es la definición del país que heredarán las próximas generaciones.

La decisión final será de los ciudadanos. Pero para millones de colombianos, el debate ya no gira alrededor del miedo, sino alrededor de una pregunta fundamental: ¿deben continuar las transformaciones sociales iniciadas en los últimos años o debe Colombia regresar al modelo que gobernó durante gran parte de las últimas décadas?

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