La imagen del príncipe


Muchas cosas han sucedido en estos diez meses del “Gobierno del cambio” y de “Colombia, potencia mundial de la vida”, como que ese cambio y esa supuesta potencialidad se desdibujan raudamente y el escepticismo y desencanto empieza a apoderarse de los sufragantes del Pacto Histórico, en particular, y de los colombianos, en general.

Cuando se habla del Gobierno del cambio no nos referimos a la intención válida de cambiar determinadas leyes para cumplir algunas promesas de campaña, aunque en esto también se equivocó la administración imperante por querer imponer atropelladamente una agenda legislativa de alto calibre y muy sensible para los gobernados y los empresarios, sino que nos referimos a lo que tanto se criticó en la época de lucha por la conquista del poder y se ha hecho lo contrario: no han cambiado las malas costumbres políticas sino que se han agudizado, no se dice la verdad, no se sostiene lo dicho y se patrasea públicamente con tendencia a culpar a la prensa. La Cancillería ha sido otro suceso infeliz y lamentable, cuando se creía que el canciller Álvaro Leyva Durán por estirpe y academia sería lo de mostrar ha sido una decepción, basta con recordar las declaraciones que entregó a la prensa contra el gobierno americano, antes del viaje del presidente de la República a Washington.

Los hechos de los últimos días en la Casa de Nariño, que salpicaron a dos personalidades de las entrañas del gobernante y que este quiso proteger hasta el final, fueron golpes de veras contundentes que ensombrecieron la administración presidencial y el prestigio del señor presidente, como lo indica la más reciente encuesta.

Luego de la entrevista que Laura Sarabia le entregó a un diario capitalino de circulación nacional, la jefe de gabinete, al final de la misma, confiesa que su ilusión más acariciada es ser presidente de la República. Algunos medios de prensa vieron en esa afirmación la génesis del altercado de los últimos días, surgido desde las entrañas del palacio presidencial, porque en ese preciso momento la señora Sarabia entra en colisión con Verónica Alcocer, la primera dama, y quien tiene la aspiración de suceder a su señor esposo en el destino “que la democracia reserva a sus mejores hijos”. A esta aspiración varios medios de comunicación le han dedicado espacio. Veamos: el 17 de diciembre de 2022 el diario EL TIEMPO tituló “Verónica Alcocer: ¿por qué desde ya la primera dama suena como candidata presidencial?”.

Pero, a mediados de la semana pasada esto quedó descartado, todo cambió y el presidente se vio forzado a solicitar la renuncia a ambos servidores públicos. Aun así, los colombianos nos quedamos sin saber qué fue lo que realmente sucedió, si de verdad se trataba de una “niñera”, de “servicio doméstico”, de “siete mil dólares”, de “solicitud de puestos o puesto para un embajador aburrido”. Lo sucedido en las últimas horas termina por empañar aún más la imagen del gobierno nacional y paulatinamente se va aclarando el panorama que, desde el principio, el periodista peruano Jaime Bayly, en su programa desde Miami, dijo lo que realmente estaba sucediendo y acertó. Parece que el Pacto Histórico no la tendrá fácil en las elecciones territoriales de octubre 29.

Editorial La Opinión

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