Videos manipulados con IA, difundidos por cuentas afines al candidato monteriano, desataron un debate sobre propaganda, desinformación y posibles límites legales en plena carrera presidencial.
La campaña presidencial comenzó a entrar en una nueva fase de confrontación digital. En los últimos días se han viralizado en redes sociales varios videos elaborados con inteligencia artificial que circulan desde cuentas afines al abogado y candidato presidencial Abelardo De la Espriella, piezas audiovisuales en las que se construye una narrativa dirigida a desacreditar a la senadora y precandidata del Centro Democrático Paloma Valencia.
Los videos presentan una elaborada puesta en escena en la que Valencia aparece reunida con figuras tradicionales de la política colombiana como Juan Manuel Santos, Dilian Francisca Toro y César Gaviria, todos retratados como parte de una supuesta conspiración política. Las imágenes, generadas con herramientas de inteligencia artificial, recrean ambientes oscuros, camionetas blindadas, neblina y escenas con estética cercana al cine de acción y al “gótico tropical”, reforzando la idea de una élite política que opera en las sombras.
El mensaje central busca posicionar a De la Espriella como el candidato de “los nunca”, en contraste con Valencia, a quien sus seguidores intentan asociar con “los de siempre”. Sin embargo, expertos advierten que este tipo de propaganda podría cruzar límites jurídicos y éticos delicados.
Cuando la inteligencia artificial se utiliza para engañar deliberadamente, destruir reputaciones o atribuir falsamente conductas a personas reales, podrían configurarse posibles casos de difamación, injuria o incluso suplantación de identidad. Aunque la propaganda política históricamente ha recurrido a exageraciones y simplificaciones, la IA introduce un elemento nuevo: la fabricación masiva de hechos falsos con apariencia de realidad.
Durante más de cuatro minutos, las piezas audiovisuales muestran escenas ficticias con personajes públicos recreados de manera hiperrealista. Incluso aparece Juanita León, directora de La Silla Vacia, medio digital que recientemente publicó una investigación sobre las empresas creadas por De la Espriella, señalando que, salvo su firma de abogados, varias habrían registrado más pérdidas que utilidades.
La respuesta de Paloma Valencia ha sido distinta. La dirigente del Centro Democrático ha intentado darle la vuelta a la narrativa afirmando que ella es “la que siempre ha estado en el debate defendiendo a Colombia”, evitando responder con ataques similares. Sin embargo, desde distintos sectores se insiste en que la difusión de estos contenidos sí genera impactos políticos concretos, aun cuando el carácter artificial de los videos pueda resultar evidente.
La profesora Dora Ramírez Vallejo, doctoranda en Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, explicó que el material “construye un relato épico y emocional donde el candidato De la Espriella aparece como el personaje capaz de acabar con un sistema político agotado”.
Según la académica, el video no busca matices, sino condensar en una misma escena a figuras reconocibles como Álvaro Uribe Vélez, Claudia López, Paloma Valencia, Santos, Toro y Gaviria como representación de una misma clase política.
Ramírez Vallejo también destacó el componente estético de la producción. “Hay una construcción visual muy bien seleccionada: camionetas negras de lujo, neblina, un ambiente oscuro y música intensa que recuerdan a géneros como acción, terror o gótico tropical latinoamericano”, señaló. A su juicio, todo el montaje busca presentar a De la Espriella como una figura disruptiva y casi heroica. El momento en el que “El Tigre” lanza un rayo que destruye el espacio donde están “los de siempre” simboliza precisamente la demolición del orden político tradicional.
Para el politólogo Daniel Yepes Naranjo, la confrontación responde a una estrategia electoral clara: “Abelardo tiene identificado que para pasar a segunda vuelta debe enfrentar a Paloma Valencia y no a Iván Cepeda”. En ese sentido, considera que la campaña se ha concentrado en hacerle “guerra sucia” a la senadora mientras evita confrontar directamente a Iván Cepeda.
Yepes también cuestionó ciertas contradicciones del discurso antisistema promovido por el candidato monteriano. “Abelardo recibe a los Char por la puerta de atrás, uno de los clanes más tradicionales y cuestionados de la región Caribe”, afirmó. Incluso observó que el video parecería presentar a Uribe como víctima, evitando atacarlo completamente debido al peso político que conserva dentro de la derecha colombiana.
Por su parte, el politólogo Nicolás Molina explicó que el contenido encaja dentro de lo que se conoce como “campaña sucia”, es decir, estrategias dirigidas a desgastar la reputación de adversarios políticos mediante ataques directos y narrativas emocionales.
Molina relacionó además el discurso del video con elementos característicos del populismo contemporáneo. “La campaña de Abelardo siempre intenta combinar la idea de que existe una élite dominante que representa el verdadero enemigo”, indicó, señalando similitudes con narrativas utilizadas por sectores de derecha en América Latina.
La controversia se produce además en un momento en el que resurgen cuestionamientos sobre el pasado de De la Espriella. Durante el fin de semana circularon perfiles periodísticos elaborados por Felipe López Caballero para Cambio y por el veterano periodista investigativo Gerardo Reyes, en los que se recuerdan episodios polémicos de la trayectoria del abogado.
Entre ellos aparece su antigua relación profesional con Alex Saab, señalado por lavado de dinero relacionado con la dictadura venezolana. También se mencionan declaraciones pasadas sobre su afinidad ideológica con sectores del paramilitarismo y su cercanía con figuras como Salvatore Mancuso. En uno de los apartes citados, De la Espriella afirmó sobre Mancuso: “Se echó a espaldas una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses”.
A esto se suma la denuncia pública realizada por David Murcia Guzmán, quien aseguró en una entrevista con Daniel Coronell que interpuso acciones judiciales y disciplinarias contra De la Espriella por una presunta “mala defensa” y “abuso de confianza”.
Murcia Guzmán afirmó que el abogado habría recibido cerca de 5.000 millones de pesos en honorarios que nunca devolvió y aseguró además que le pidió 760 millones de pesos adicionales para “mover fichas en el Congreso” y evitar una legislación que afectaría el transporte de dinero en efectivo, una operación clave para DMG.
Aunque De la Espriella no ha respondido públicamente a todas estas acusaciones recientes, el episodio deja abierta una discusión cada vez más relevante en Colombia: hasta dónde puede llegar la propaganda política impulsada por inteligencia artificial antes de convertirse en un mecanismo de desinformación capaz de afectar la democracia y deteriorar el debate público.
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