Conciertos, festivales y eventos masivos se han convertido en catalizadores de amplias cadenas de valor que incluyen transporte, hotelería, comercio, gastronomía y empleo temporal. Artistas colombianos de talla global como Shakira, Karol G, J Balvin, Maluma o Silvestre Dangond no solo llenan estadios, sino que dinamizan economías locales enteras cada vez que pisan una ciudad.
Uno de los ejemplos más contundentes fue la gira de Shakira a comienzos del año pasado. Nueve funciones en el país congregaron a más de 370.000 asistentes y generaron un impacto económico superior a los US$100 millones. Ciudades como Medellín vivieron jornadas de alta ocupación hotelera, incremento del consumo y una fuerte activación del comercio local alrededor de cada espectáculo.
Los estadios, nuevos polos de desarrollo urbano
Durante décadas, los estadios fueron conocidos como “templos del fútbol”. Hoy, esa definición resulta insuficiente. Las multitudes que han llenado conciertos de artistas como Shakira, J Balvin, Dua Lipa, Bad Bunny o Silvestre Dangond confirman que estos escenarios se han transformado en verdaderos epicentros del entretenimiento y del desarrollo económico.
Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali lideran una carrera por modernizar su infraestructura, con inversiones que superarán los $3 billones en los próximos dos años. Barranquilla, por ejemplo, avanza en la ampliación del estadio Metropolitano Roberto Meléndez. Con una inversión cercana a los $180.000 millones, su capacidad pasará de 45.994 a más de 60.000 espectadores, con posibilidad de alcanzar hasta 75.000 asistentes en conciertos. A esto se suma el proyecto de un Movistar Arena con aforo para 12.000 personas, fortaleciendo la oferta de espectáculos de mediano formato. No es casual que la ciudad haya sido elegida como sede de la final de la Copa Sudamericana 2026.
Bogotá va aún más lejos. Con el proyecto Sencia, la capital planea construir un nuevo estadio El Campín, con una inversión superior a los $2 billones, capacidad para 50.000 personas y un distrito de deportes y entretenimiento de 167.000 metros cuadrados. El atractivo del proyecto llevó a Corficolombiana, del Grupo Aval, a adquirir el 51% de la asociación público-privada encargada de la renovación. Las obras iniciarían el 1 de marzo de 2026 y se entregarían en diciembre de 2027, con un costo total cercano a los US$500 millones.
Medellín también se suma a esta ola inversionista. El alcalde Federico Gutiérrez anunció una inversión pública de $750.000 millones para ampliar el aforo del estadio Atanasio Girardot de 42.252 a 60.000 personas. A diferencia de intentos anteriores, la apuesta actual busca financiar las obras con recursos públicos y mantener el control de una fuente estratégica de ingresos para la ciudad, en un momento en que los grandes espectáculos están en pleno auge.
Una industria que pesa en el PIB
Para Ricardo Peláez R., CEO de D’Groupe, el entretenimiento en vivo crece a un ritmo más acelerado que muchas otras actividades económicas. “En ciudades como Bogotá y Medellín, el sector ya aporta de forma significativa al PIB y podría representar cerca del 12% del PIB nacional en los próximos años”, asegura.
El sector no solo genera empleo, sino que ofrece salarios promedio superiores al mínimo legal y contribuye a extender la estadía de los turistas más allá de una o dos noches, con efectos directos en hotelería, gastronomía, transporte y comercio. Además, la expansión del mercado abre espacio para nuevos talentos, empresas locales y procesos de transferencia de conocimiento.
Desde la perspectiva de los promotores, el cambio es evidente. Miguel Santacoloma, director de Comunicaciones de Páramo Presenta, señala que desde la pospandemia el entretenimiento en vivo se consolidó como un factor relevante del crecimiento del PIB, fenómeno que ya es medido por entidades oficiales como el Dane. La profesionalización de proveedores técnicos y logísticos, la modernización de los venues y la llegada de sellos y agencias internacionales reflejan la madurez del mercado colombiano. La entrada de jugadores globales como Live Nation, a través de su participación en Páramo Presenta, terminó de sellar esa apuesta.
Cifras récord y reconocimiento regional
Luz Ángela Castro, directora general de Ocesa Colombia, afirma que 2025 marcó un punto de quiebre: el entretenimiento en vivo dejó de ser “solo cultura” para convertirse en una industria ancla. Según datos consolidados de Pollstar, los principales estadios del país superaron el millón de entradas vendidas y generaron más de US$100 millones en ingresos por eventos musicales.
Solo Vive Claro, con seis conciertos y pocos meses de operación en 2025, generó más de 25.000 empleos y cerca de US$16 millones en ingresos turísticos para Bogotá. En la capital, los grandes eventos dejaron más de $65.000 millones en impacto turístico y más de $27.000 millones en impuestos en un solo año.
El impacto también se refleja en la imagen de las ciudades. Santacoloma lo resume en el llamado “efecto Shakira”: ocupaciones hoteleras por encima del 80% y derramas económicas superiores a los US$10 millones en ciudades como Barranquilla, Cali y Medellín, además de un efecto positivo en percepción, turismo y tejido social.
Colombia se consolidó en 2025 como uno de los mercados más dinámicos del entretenimiento en vivo en Suramérica. Cinco estadios colombianos se ubicaron entre los 25 más importantes del continente por ventas de boletería. El Campín ocupó el segundo lugar, con US$35,4 millones recaudados y 329.015 entradas vendidas. En arenas, el Movistar Arena de Bogotá fue segundo en la región, con más de 820.000 entradas y US$47 millones en ingresos.
En el frente artístico, Shakira lideró como la gira de mayor recaudo en Suramérica en 2025, con más de 577.000 entradas y US$68 millones. De las 15 giras más exitosas del año, 10 pasaron por Colombia.
Al cierre de 2025, el sector registra un crecimiento acumulado del 9,4%, superando al comercio (5,1%) y a la agricultura (4,1%). Aunque el ritmo muestra una estabilización natural, las cifras siguen siendo sólidas: en el tercer trimestre de 2025, el valor agregado del sector creció 5,7% frente al mismo periodo de 2024, y el componente específico de actividades artísticas, de entretenimiento y recreación avanzó 6,3%.
Todo apunta a que el entretenimiento en vivo dejó de ser un espectáculo pasajero para convertirse en uno de los pilares del crecimiento económico del país.
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